De niños aprendemos a emocionarnos de un modo que persistirá para toda la vida.
Con la fotografía detenemos el tiempo, pero algunas veces sentimos que es mentira:
-¿Habrá sido gol?
¿Quién no recuerda la emoción de la primer bicileta? Con ella nos ibamos a "comer el mundo"! Montados en ella experimentamos la emoción del descubrimiento y las travesías "off road".
A veces también venían los golpes, pero los valorábamos como medallas...
Corría el mes de febrero (caluroso en nuestro hemisferio sur), cerca del mediodía... desde lo alto de un cerro veo descender a estos ciclistas, recuperándose del esfuerzo de la subida y disfrutando el paisaje. Parte de la belleza del ciclismo profano. Al verlos, sólo encuadré y disparé!
El proverbio latino se refiere al esfuerzo y la constancia para vencer los obstáculos hacia la meta.
Otras veces, quizás como resabio del antigüo arte, remamos por placer, para olvidarnos de lo que nos cuesta el camino...
De cualquier modo, siempre, el esfuerzo nos hace sentir en el cuerpo y el alma, palpitar la vida.
La actividad física promueve la salud... y a veces, también embellece el paisaje!
Las escalinatas del monumento al Ejército de los Andes y la jóven bajandolas al trotecito eran plásticamente perfectas para comenzar a tomas fotos...