La silla de ruedas que utilizó mi mamá antes de morir...Hoy mi padre (92 años) a veces la utiliza... por su Parkinson.
Creo que también compartieron una vida feliz juntos.
Personalmente necesito -casi biológicamente- una buena dosis de soledad... Son esos momentos de exquisita intimidad conmigo mismo, con mis sensaciones, deseos y fantasías. Es como el esperado reencuentro con un gran amigo... Y a veces el entorno, el paisaje, ayudan... sea éste la montaña o nuestra próxima y monótona pampa; esta con su suave murmullo visual es una invitación permanente a la introspección.


Y qué difícil que es a veces aprender -y atreverse, permitirse- disfrutarla cada día!


Entonces... de pronto, se me aparece el alma errante de Walt Withman! Quizás lo suyo sea, después de todo, el secreto de la vida, el único... su poesía, su verdad...
Incluso esa depresión existencial que nos asalta en los recodos del camino... tiene una profunda humanidad y una belleza atada de pies y manos. Hasta el dolor tiene su sentido. La gran opción de Withman: descubrir el paraiso en la tierra, quizás el único que lleguemos a conocer... aunque algunos esperan esperanzados en otros cielos! Y también es bueno...
Pero como sea, es éste el único ámbito en el que puedo trabajar ahora... aquí en esta vida, en este planeta, con este cuerpo, con esta historia, en este entorno más o menos próximo.
¡Haciendo honor a la vida, al hombre, estoy haciéndole el mayor honor, la mayor alabanza al creador de todo!
Mi fé es para el Dios de los humildes honestos, de los dignos, de los sudorosos, de los libres, de los que ríen y gozan de las maravillas que descubren a diario a su alrededor: el calor del sol, la brizna de pasto, el sexo...
