Corría el mes de febrero (caluroso en nuestro hemisferio sur), cerca del mediodía... desde lo alto de un cerro veo descender a estos ciclistas, recuperándose del esfuerzo de la subida y disfrutando el paisaje. Parte de la belleza del ciclismo profano. Al verlos, sólo encuadré y disparé!
Cerca de las 5 de la tarde decidimos merendar a orillas de un arroyo de montaña que pasaba cerca de la cabaña. Había llovido por la mañana y traia bastante más agua de lo normal, así que antes de tomar algo decidimos con Cristina recorrerlo y sacar unas fotos...
En cuanto se esconde el sol en estas altitudes la temperatura suele bajar junto a él. Con un rompevientos y caminando sin rumbo, idas y vueltas cerca del trípode, transcurrieron los 20 minutos que llevo la exposición. De vez el cuanto miraba al auto y Cristina me sonreía complice...