
Después de desayunar en la cabaña de montaña con Cristina, salí a caminar solo, por un sendero que subía amigablemente por la serranía próxima. El sol nuevo y el aire fresco, hacían más agradable el esfuerzo que sentía en las piernas. Mirando hacia cualquier parte, la vida, que es amable conmigo, me descubrió "la flor donde dormimos juntos", según parecían susurrar en secreto estos pichichos...